Reseñas
Leave a comment

The Altar: lo nuevo de Banks

Jillian Rose Banks, más conocida como Banks, está de estreno.  Ayer mismo presentaba su nuevo trabajo dos años después de sacar su primer y exitoso LP: Godess. Bajo el título de The Altar, la cantante californiana ha decidido embarcarse en un nuevo proyecto no exento de sorpresas, sobre todo en cuanto a la toma de unos inesperados rumbos en lo que podría – o eso se supone – ser una buena consolidación de su identidad musical.

En este nuevo trabajo escuchamos con una mayor potencia y modernización a esa Banks que en 2014 innovó con un Trip Hop cercano al R&B más electrónico. Lo hará con unos temas donde inclina su estilo hacia una forma más esencial, más purista. En otros nos salimos de su dinámica más esencial, observando el efecto de del devenir musical popular y contemporáneo en, escasamente, los últimos dos años. Es decir, Banks ha combinado una intención purificadora de su estilo de creación con la experimentación y de este con diferentes géneros, eso sí, no siempre con la misma suerte para compenetrarlo todo dentro del mismo trabajo.

Echando la vista hacia el pasado de la cantante dentro de esa faceta más purista, en The Altar escuchamos una mayor delicadeza y finura, que se sirve a la vez de un agregado electrónico que le da al disco una estética nocturna y profunda. Es el caso de temas como “Mind Games”, aunque en él se haga sumamente pesada la segmentación de los versos antes de entrar el estribillo. La descarada “Fuck With Myself” también exhibe en su estética de sensualidad y calidez esos nuevos sonidos, aunque corre el peligro de seguir una línea sonora más plana de lo deseable para la gran potencia que tiene, o que podría tener.

Sorprende la efectividad con la que Banks ha sabido moverse por los mid-tempo en dos de los primeros temas de este disco: “Gemini Feed” y “Lovesick”. Al escucharlos me remito a esa permeabilidad que esta faceta de la música electrónica ha venido mostrando en los últimos años. Ciertamente recuerdan al estilo de The Weeknd, o incluso a una de las facetas de los míticos Disclosure, en medio de atmósferas relajantes de corte futurista; una transformación de la potencialidad de los sintetizadores ochenteros impulsada por nuevas dinámicas rítmicas y tecnológicas que les dan un aire nuevo y efectivo. Sin duda dos de los mejores temas del disco.

banks-3

En esas “fusiones de estilos” nos hallamos. Un nuevo ejemplo de ellas es “Judas”, donde un ritmo difuso y parpadeante nos recuerda a ese nuevo rumbo que se ha asociado con más o menos exactitud al Hip Hop más reciente. Un tema con poca fuerza pero que es capaz de encajar; Banks aparece imponente, con cierta dureza si cabe. “Trainwreck” también anda oscilando entre ese nuevo Hip Hop y el R&B más influyente del momento, especialmente el abanderado por las artistas femeninas del marco estadounidense. Como línea a seguir y factor sumamente admirable están los múltiples cambios de ritmo que se van sucediendo a lo largo de la canción, acelerando y decelerando constantemente en la parte vocal con una destreza bárbara. Y pese al apreciable valor como tema aislado, “Trainwreck” es uno de los que mayores problemas encontrará en la integración con el resto de canciones del álbum y la línea descrita por estas.

Regresando a los temas más puramente Banks, no podemos olvidarnos del rítmicamente innovador “Haunt”, “Weaker Girl” o el siniestro “Poltergeist”, aunque merece la pena destacar una potente vuelta al pasado esgrimida en “This Is Not About Us”. El tema más “retro” del trabajo nos lleva a un Trip Hop clásico con todos los dotes para ser el más bailable de The Altar.

Para finalizar, el sentimentalismo; no podía faltar. Este comienza con el sonido de la guitarra acústica en “Mother Earth”. No nos es complicado observar en él multitud de rasgos de lo que podría ser una clara influencia de Amy Winehouse, que se unen en el estribillo a un claro atisbo del género más Pop de finales de la primera década del siglo y principios de esta. De la guitarra pasamos al piano en “To The Hilt”, íntima y triste, que resulta sorprendentemente sugerente para la banda sonora de una película. El piano resiste hasta la introducción del tema que cierra este trabajo: “27 Hours”. Pero solo hasta la introducción, porque poco tardamos en vibrar con un tema previsible pero fuerte, perfecto para una actuación en directo.

Esto es todo en la nueva creación de Banks. Donde nos esperábamos una reafirmación y consolidación del estilo con el que abrió la veda nos hemos encontrado con un deseo de probar. Con él ha salido perjudicada la línea colectiva que describirían las canciones, poco homogénea, frente a los grandes dotes individuales de estas. No obstante, no era necesario dejar nada escrito, ni seguir una línea no exenta de miradas hacia otros lados. En la variedad podemos encontrar tesoros, máxime si esta viene generada por la verdadera voluntad creativa de nuestros artistas.