Crónicas, Festivales, Mad Cool Festival

Calidad marcada por la tragedia. Crónica del Mad Cool Festival 2017

No es precisamente sencillo redactar esta crónica, la situación no es la más ortodoxa ni la más agradable sobre la que escribir. No lo es cuando se trata de un festival que, entendido desde una cierta perspectiva, ha durado tan solo dos días aunque sobre el papel figurasen tres. Hablo del Mad Cool Festival, celebrado en el recinto madrileño de la Caja Mágica durante los pasados 6, 7 y 8 de julio. Por desgracia, sería imposible recordarlo hoy sin que venga a nuestra mente el fallecimiento del acróbata Pedro Aunión Monroy, durante su espectáculo en la segunda jornada. Escribo en primer lugar estas líneas a modo de recuerdo, de memoria y también de recapitulación de este triste episodio acaecido en el festival, pues sería incoherente imaginarlo eludiendo o relegando a un segundo plano un suceso tan desafortunado.

El día 7 de julio, entre los conciertos de Alt-J y Green Day, el acróbata se hallaba realizando una actuación de danza suspendido a unos 30 metros de altura sobre una zona acordonada y libre de público. De repente y, ante la estupefacción de los confusos asistentes, Aunión se precipitaba contra el suelo en una fatal caída. Pese a la rápida intervención de los servicios sanitarios con el objetivo de reanimarle, el impacto acabó costándole la vida.

Comenzaba entonces un gran flujo de informaciones en los medios de comunicación, mientras se generaba el iracundo clima social que acabó circundando al evento desde ese momento en adelante. Las redes sociales eran un hervidero de opiniones, comentarios, juicios y airadas críticas hacia la organización del festival e incluso hacia algunas bandas que tocaron ese día, como los propios Green Day, en medio de la incertidumbre sobre cuáles debían ser las decisiones a llevar a cabo. Muchas personas exigían la cancelación del evento, e incluso la Unión Estatal de Sindicatos de Músicos y Compositoras organizó una concentración a las puertas del recinto al día siguiente para reivindicar el cese de los accidentes laborales.

A día de hoy, el desconocimiento todavía se cierne sobre lo que ocurrió el segundo día de festival a partir del instante de la tragedia. No hay exactitud acerca del fallo que provocó el accidente, qué se ha esclarecido ya de la investigación, qué medidas podrían haberse adoptado para que no se produjese, a quién compitió cada responsabilidad o qué decisiones deberían haber tomado los organizadores. El mero hecho de comunicar qué había ocurrido se produjo varias horas más tarde desde su página web, con un breve comunicado al cual seguiría otro con mayor detalle al día siguiente. La cita, de la que teniendo en cuenta su magnitud era pertinente que se hubiera mantenido informados convenientemente a sus asistentes y bandas, finalmente no se cancelaba, y rendiría un homenaje a Aunión al día siguiente. Green Day también argumentaron su decisión de tocar en un post de Instagram, en el que alegaban que no se les había informado con detalle de lo sugerido, pues en cuyo caso no se habrían subido al escenario. Cabe la necesidad de que exista de momento una cierta frialdad en los medios de comunicación y redes sociales a la hora de tratar unos hechos cuya causalidad (o, quizá, multicausalidad) aún no se ha definido; nos encontramos, por tanto, a la espera de los resultados de las investigaciones.

 

Centrándonos ya en la faceta más musical y experiencial del evento, comienzo por destacar la positividad de ciertas diferencias introducidas con respecto a la edición del año pasado. Primeramente, la supresión de los desastrosos escenarios a cubierto del año pasado ha sido una apuesta tan acertada como lógica. Y es que estos recintos, indudablemente, tenían aforo limitado, aspecto incompatible con la idea de que allí actuaran artistas tan multitudinarios como Bastille o Flume. Este año tuvimos cuatro escenarios (separados los dos principales de los otros dos más reducidos) en el parking del recinto, y uno de pequeño tamaño junto a una zona de restauración bastante variada. Todo un acierto, sin duda, como también lo fue, pese a que no sea la moda el uso de un sistema de pago cashless o por tokens. Los pagos se realizaban en efectivo, a la manera clásica y sin esconder los precios típicamente elevados de la comida y bebida en los festivales bajo livianas cifras medidas en tokens; la sencillez y la comodidad se hacían indudables. Si bien el festival no innovó en estética o decoración – prácticamente iguales al año pasado –, superó sus pasadas cifras con un sold out, todo vendido.

Jueves 6

Plastic People abrían una primera jornada de festival marcada por la tormenta que cayó sobre Madrid y que desató el temor de los asistentes ante una posible cancelación del festival – no sería esta la primera vez que se barajó tal posibilidad entre el público. No se produjo dicha decisión, y el evento comenzó pese a una lluvia que lo convertiría en toda una exhibición de chubasqueros de todos los colores, convencionales o fabricados en casa. Por fortuna, el agua finalmente dejó de caer, eso sí, dejando sus estragos en una primera jornada que se me ocurrió calificar como el día de los “píxeles rotos”. Las grandes pantallas distribuidas por el recinto del festival mostrarían su aversión a la lluvia exhibiendo píxeles estropeados que hacían incompletas algunas imágenes u otras que, directamente, no se llegaban a reproducir. Ante estos errores sin excesiva importancia llegó la primera actuación en los escenarios principales, de la mano de un modesto George Ezra y en sustitución de Wolf Alice, con quienes la diferencia hubiera sido clara y mucho más potente. Seguidamente vendría la actuación de The Lumineers, primer gran cabeza de cartel que retrasó su aparición sobre el escenario algo más de cuarenta minutos, para tocar, en consecuencia, poco más de cinco o seis temas. Era, sin duda, desolador, puesto que su show podría haber sido algo más destacable.

 

En paralelo, Warpaint ofrecían una aplaudida actuación, in crescendo y con temas distribuidos por todo su repertorio, que quedaría muy bien hilada con la de Foals justo después. Sirviéndose de una escenografía sencilla y sin complicaciones suplida gracias a su carisma, la banda de Oxford deleitó a muchos asistentes con un concierto pulido y de un abanico amplio de canciones que discurría por toda su producción, desde lo más melódico y contenido hasta los temas más cañeros de esta laureada banda tan definitoria de lo que podríamos intuir que es el Indie Rock. Sonaron, claro está, éxitos como “Spanish Sahara”, “Inhaler”, “My Number” o la eléctrica “What Went Down”.

 

Seis años después, los veteranos Foo Fighters volvían a la capital madrileña, para ofrecer la dosis cruda y directa de Rock que esperaba un, hasta entonces, todavía calmado festival. Sin achante alguno, la banda de Dave Grohl se marcó más de dos horas de concierto sin dar tregua al alto voltaje por tan solo un segundo, entre temas como “Everlong”, “Learn To Fly” o la coreada “My Hero”. Con otras más recientes como “Something For Nothing” o “Run”, el público sería un receptor bastante más frío e inmóvil.

Esto fue Foo, pero el primer día del Mad Cool – todo el Mad Cool en general –  traía mucho más que los fieles a los main stages se perdieron. El escenario Matusalem acogió, a la misma hora que los de Seattle, el bombazo de actuación que trajeron Jagwar Ma. Fuera de toda duda, este fue uno de los mejores conciertos del primer día; los australianos se pusieron a la altura de los grandes nombres que prometía el festival con una mezcla vibrante entre directo de Rock alternativo y sesión de DJ en el que el incesante sonido logró generar un inolvidable magnetismo. Con únciamente dos LP, Howlin’ y Every Then And Now, Jagwar Ma logró componer un setlist poderoso en el que las canciones se intercalaban unas con otras con gran maestría entre ritmos de Rock, House, Funk, Techno y psicodelia. La sencillez de muchas de sus bases la compensaba un ardiente potencial para generar baile y movimiento, algo nada desdeñabe en un concierto donde escuchamos temas como “Come Save Me”, “Give Me A Reason”, “Uncertainty” u “O B 1”.

Belle And Sebastian tampoco defraudaron media hora después en esas mismas tablas, con un

mayor número de asistentes de lo que se esperaba. Acababan estos a la vez que la banda de Grohl, a cuyo espectáculo le sucedería el relax del Folk-Rock de Kurt Vile y su banda, interpretando temas de su último disco: b’lieve i’m goin down… Durante su concierto, un buen volumen de público se agolpaba de nuevo al borde del escenario principal para ver la actuación de Catfish And The Bottlemen, que exhalaron energía a raudales, en buena medida gracias a los movimientos, gestos y garra desproporcionada de su vocalista Van McCann, quien se iba moviendo azarosamente por todo el escenario entre éxitos como “7”, “Twice” o “Coccoon”. No olvidaremos los sustos que este nos daría casi tirando el pie de micro al suelo varias veces o quedándose al borde de impactarlo contra la batería.

 

La electrónica oscura, onírica y más evocadora vino este día de la mano de dos bandas: Unkle  y Trentemøller, quienes tocaban casi al cierre de una primera jornada que sobrevivió con altura a la catástrofe meteorológica.

 

Viernes 7

La segunda ronda del festival daba el pistoletazo de salida, todavía con el tiempo lluvioso, aunque sin ser capaz de amedrentar a los asistentes una segunda vez. Con su nuevo álbum Otros Principios Fundamentales, Viva Suecia ponía el listón alto en el inicio de este día. Estuvieron acompañados en esta labor por el guitarreo al estilo de la vieja escuela de Los Zigarros, que llenaron el escenario principal con ese Rock & Roll con aire clásico tan característico suyo. Por este mismo lugar, hablando de guitarreo, no podemos más que hacer una mención especial al concierto de Rancid, que ponía con altura la nota más Punk del festival. Su sonido fue atronador, musculoso, veloz y con toda esa crudeza tan sincera que nace de sus temas.

Alt-J fue, acto seguido, el canalizador de mucha expectación plagada de emociones en un público numeroso que deseaba ver, al fin, a este prodigioso trío sobre un escenario en nuestro país. Con cada uno de ellos situado sobre su lugar en el escenario – tres espacios independientes de los que ninguno de ellos se movería –, el concierto daba comienzo con el reciente single “3WW”, y todo apuntaba a que iba a tratarse de una mágica hora y cuarto; una de las mejores actuaciones de este festival. Alt-J recientemente han publicado su nuevo trabajo Relaxer, un larga duración brillante que, no obstante, no goza de la misma facilidad que los anteriores a la hora de calar en todo tipo de público. Me atrevo a decir que los asistentes a este concierto habrían estado más que dispuestos a fluir al ritmo de estas nuevas canciones sin problema alguno, pero finalmente el grupo decidió optar por una presencia escasa de este disco en su setlist. Por el contrario, nos encontraríamos con una mirada más orientada hacia sus primeros discos, con temas como “Left Hand Free”, “Matilda” o la increíblemente interpretada “Dissolve Me”, cerrando con “Breezeblocks” y el acompañamiento coral de todo el público a la misma. Da la impresión de que cada detalle fue medido al milímetro por los británicos, con una precisión digna de las más finas y casi puristas interpretaciones. El sonido resultó algo abrumador, brutal; cada frecuencia grave se transmitía por todo el espacio físico haciéndolo vibrar y llegando al propio cuerpo de cada persona. Estas, por su parte, generaron vivas sinergias entre sí y el propio espacio físico, convirtiéndose en cuerpos en movimiento al son de los temas más bailables, como los que acabo de mencionar. Sobre el escenario, por su parte, todo un despliegue de humo, luces, colores y elaborados visuales proyectados detrás de los músicos y a los lados, generando un poliedro sensorial de un misticismo casi onírico. Bravo por Alt-J.

Llegamos en este punto al momento que marcaría un antes y un después en el transcurso del festival. El punto de inflexión era establecido por la tragedia del accidente de Pedro Aunión, que generaba conmoción e incertidumbre en el público, al tiempo que las redes sociales ya recogían comentarios como relatábamos al principio. La tardanza de Green Day en empezar a tocar acrecentaba las dudas acerca de una inmediata cancelación del festival, pero finalmente quedaban disipadas cuando el grupo liderado por Billy Joe Armstrong salía al escenario interpretando una versión de “Bohemian Rhapsody”, de Queen. Este concierto era, de hecho, el cierre de su gira europea con motivo de la presentación de su nuevo disco: Revolution Radio. Los temas de este último trabajo se colocaban en la tesitura de lidiar en un mismo setlist con los míticos himnos que esta banda ha brindado a lo largo de sus más de 30 años de recorrido. Aun así, podemos decir que lograron encajar con inconfundibles como “American Idiot”, “Holiday”, “Know Your Enemy”, etcétera, lo cual no era tarea fácil si comparamos el antes y el ahora del grupo. Entre las decenas de miles de personas podía sentirse la euforia, acrecentada por un derroche enérgico constante y el carisma del propio Billy Joe, todo un showman, que subió en varias ocasiones a miembros del público al escenario (a uno de ellos le regaló una guitarra) y finalizó interpretando en acústico “Ordinary World” y “Good Riddance (Time Of Your Life)”.

Para quienes decidimos no entrar en el microclima generado por los sonidos de Green Day, mereció la pena ver sobre el escenario Mondosonoro a The Cannibals, una banda capaz de mezclar Funk, Pop, Reggae y ritmos tropicales variados con una extrovertida juventud y buena calidad a manos de los instrumentos. Si bien todavía deben seguir trabajando para pulir sus interpretaciones, no podemos dudar que su aire veraniego y divertido hizo bailar a todo el público que se encontraba frente a ellos; y eso, al final, puede ser lo que más importa. Cage The Elephant, una hora más tarde, bombearon adrenalina sobre el escenario Matusalem ante un público reducido pero satisfecho. En un concierto dinámico y escénicamente algo alocado, esta banda logró plantarse con su carácter sonoro tan difuso a la par que efectivo. La jornada se cerraba con Röyksopp y Star Slinger, tras una cancelación de Slowdive y el temor, pese al comunicado emitido durante la madrugada, hacia qué pasaría al día siguiente.

 

Sábado 8

Comenzábamos el tercer y último día del festival con la pesadumbre de todo lo acaecido en la jornada anterior. Los datos comenzaban a ser más numerosos y con un detalle algo mayor, y podía respirarse cierta tensión en el ambiente, especialmente si atendíamos a las palabras que seguían fluyendo por las redes sociales o, desde lo presencial, en la concentración que se movilizó a las puertas del recinto durante la tarde. Fue un tercer día en el que se notaba el cansancio casi de manera inconsciente entre el público, a lo que se añadía este ineludible quebradero de cabeza. No obstante, los conciertos comenzaban con normalidad, con algunos muy destacables como el de Wilco sobre el escenario principal, de quienes no había duda de que ofrecerían una más que encomiable actuación. Su constante juego con sonidos que experimentan alrededor de esas bases de Country siempre trae consigo agradables sorpresas, llegando casi a lo experimental y consiguiendo un sonido rico y que exhala química hacia todas direcciones. El amplio recorrido que abarcó su concierto llevó sobre las tablas a “I’m Trying To Break Your Heart”, “Via Chicago”, “Random Name Generator” o algunas de su nuevo Schmilco como “Someone To Lose” o “Jesus”.

Manic Street Preachers les sucedieron en un concierto con las ideas claras, sin salirse demasiado de su propio tiesto con floritura alguna, pero ofreciendo temas de diversos que, finalmente, resultaron convincentes. Tendríamos “Everything Must Go”, “Kevin Carter” y otras de mayor potencia como “You Love Us”, entre sonidos musculados y conseguidos con una cierta solvencia aunque sin resultar especialmente memorables. En el espacio temporal inmediatamente posterior, el festival vivió un parón con motivo del homenaje al fallecido Pedro Aunión. Sobre las pantallas del escenario principal podía verse proyectado un mensaje en su  memoria, mientras sonaba la canción “Purple Rain” de Prince, que había sido el día anterior el acompañamiento de su actuación. Un homenaje que podríamos ver como escueto, pero indudablemente directo y que cumplió con sencillez su función.

Posteriormente vimos actuar a Kings Of Leon, que, si bien fueron los cabezas de cartel que congregaron a menos público, ofrecieron uno de los mejores shows de la más elevada jerarquía del cartel. Fue un concierto tranquilo, entrañable y que compensó un dinamismo muy calmo y dosificado con precisión instrumental y emotividad. Escucharíamos, en lo que también era un fin de gira para este grupo, “Use Somebody”  y “Sex On Fire” tanto a través de los amplificadores como de boca del público como un gran coro, al igual que nos encontramos con canciones como “Waste A Moment”, pertenecientes a su último trabajo: WALLS. He de remarcar aquí la fantástica actuación del guitarrista del grupo, Matthew Followill, que sin duda destacó con creces durante la totalidad del concierto.

Al acabar este, el público salía como una exhalación en dirección al escenario Radio Station, donde, por extraño e inverosímil que parezca, comenzaba la actuación de M.I.A. El público, como no, abarrotó el espectáculo que dio la rapera acompañada por una MC, dos enérgicas bailarinas y DJ Tiger situado tras unos enormes barrotes de luz. En una perfecta compenetración con sus acompañantes, M.I.A. se desenvolvió con la soltura y el carácter de toda una diva. Con un vestuario extravagante al más puro estilo Hip Hop, la cantante interpretó canciones como “Borders”, “Paper Planes” o “Born Free”, ante un público exaltado que no dejaba de moverse y con unos ritmos que tampoco cesaban, gracias a la continua mezcla de manos del DJ. Hemos de destacar, además, el homenaje – posiblemente el más sentido – de la cantante a Aunión, con el que invitó al público a formar un pájaro con sus manos mientras interpretaba su canción “Fly Pirate”.

 

La electrónica volvería a estar presente en el cierre del festival de la mano de SBTRKT y Moderat, como colofón a una cita de muy buena calidad musical, aunque rodeada por una infausta circunstancia.