Crónicas, Festivales
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Crónica del Low Festival 2016

Para mí, desde hace tres años, “no es verano sin Low”. No es verano si no puedes disfrutar de esos tres (locos) días de conciertos, no es verano si no puedes revolcarte por el césped delante de las 78000 personas que asistieron este año al evento y, por supuesto, no es verano sin esa depresión post- Low Festival. Y es que es de esos festivales que te dejan un vacío inmenso, como si en el momento de salir de allí te estuvieses despidiendo no de un recinto, sino de una persona. Esa persona que es el Low Festival ya me está pidiendo que compre el abono del año que viene. A los que habéis tenido la desgracia de no haber podido asistir a esta novena edición, porque menuda desgracia, dividiré la crónica en tres partes para así comentar cada detalle de cada día.

El primer día, con el mal cuerpo de haberme perdido la fiesta de presentación del Low Festival, en la que actuaron Miss Deep’In, Black Lips y (los putos) Sexy Zebras, paseamos por el zig-zag que ha montado la organización con vallas y recogemos nuestra pulsera. A pesar de toda la marea de gente que camina hasta la entrada, no tardamos ni diez minutos en situarnos dentro del recinto. Antes del comienzo de La M.O.D.A., aprovechamos para pasearnos por los stands montados juntos al escenario Ron Matusalem. Tatuajes, algodón de azúcar, abanicos, gafas de sol, guitarras inflables… y todo esto, gratis. Nos dirigimos a las 21:00 (con nuestro arsenal de regalos) a las primeras filas y comienza a sonar La Maravillosa Orquesta Del Alcohol. No podrían haber escogido un adjetivo mejor para su nombre. “Maravillosa”. Yo no tengo ni idea de música pero sé cuándo algo está bien, y La M.O.D.A. estuvieron muy bien. Mezclando un folk-rock acompañado de banjo, acordeón y saxofón con la rasgada voz del vocalista, hicieron enloquecer hasta a las personas que comenzaron viéndoles desde el suelo convencidas de que no les iba a gustar. Con temas como Los hijos de Johnny Cash, se metieron al público en el bolsillo en cuestión de minutos.

La organización se ha lucido en casi todo, pero los horarios no forman parte de ese “casi todo”. Haciéndonos perder media hora de este concierto, corremos hacia el escenario Budweiser para ser capaces de situarnos en un buen sitio y ver a Love of Lesbian. Menuda vuelta hay que dar para entrar allí y menudo lío se trajo el personal contratado con las puertas. Aun habiendo sacado un plano de las puertas, no tiene mucho sentido el modo que tuvieron de abrirlas y cerrarlas, pero eso no nos impide pegarnos una carrera para lograr una quinta fila en el conciertazo que dio el grupo. Pasando por temas más antiguos como BeliceClub de Fans de John Boy1999, y haciendo a su vez un repaso a su nuevo álbum, nos hicieron saltar, gritar y llorar (de felicidad) tanto, que la hora y cuarto que duró su concierto se nos hizo corta. A continuación de haber estado “Bajo el Volcán” que su actuación supuso, decidimos acercarnos a los puestos de restauración para reponer la energía que nos habían robado. Colas eternas y hamburguesas de 3 tokens (moneda que tienes que usar para pagar dentro del polideportivo). Menuda parafernalia lo de los tokens; tanta parafernalia nos pareció que los dos días siguientes decidimos cenar fuera del recinto. Pero la verdad es que, teniendo un cuenta lo desorbitados que suelen ser los precios dentro de un festival de música, tampoco resultaba tan caro. “Un token es 2,5€ y, como mínimo, tienes que sacar tokens de 5 en 5. Ah, y los medios-tokens te los quedas, no vamos a devolverte tu dinero”. ¡Con lo bonita que fue el año pasado la pulsera que cargabas con dinero y que te ahorraba cargar con tokens y hacer colas interminables! Mientras engullimos nuestra cena, escuchamos a los extravagantes (e increíbles) León Benavente desde la lejanía. Antes de que acaben, nos volvemos a dirigir al otro escenario para escuchar a Belle and Sebastian, algo cansados de desplazarnos de un lado del recinto al opuesto. Comenzaron con la proyección de una mujer presentándoles desde las pantallas y terminaron con sus fans disfrutando de un sonido impecable y con la decisión de subir a treinta personas al escenario.

Hace un mes, The Bohicas cayó del cartel y fueron Belako sus sustitutos. ¡Y menudos sustitutos! Nos hicieron cantar a todo pulmón con canciones como Sea of Confusion Haunted Mansion hasta destrozarnos las cuerdas vocales. Y es que los vascos que forman Belako llegaron hasta a hacer una cover de Paper Planes, dejándonos así con la boca abierta. Unas horas más tarde nos acercamos a ver qué ocurría con Monarchy. Según entramos, suena una cover suya de Video Games. Aun sin conocerles, con sus juegos de luces y su sonido electrónico, me dejaron encandilada. Y con ese sentimiento me quedaba cuando, a las 4:30, Elyella Djs comenzaron pinchando la intro de la recién estrenada serie Stranger Things. Nos hicieron bailar con temas como Mira cómo vuelo Baby’s On Fire pero situar su actuación en el primer día de festival no fue buena idea ya que decidimos no verles hasta el final dado que aún nos quedaban dos días de cantar y de bailar (y somos muy jóvenes como para morir de cansancio).

 

El segundo día comenzamos la tarde con Second y sus Serpientes de confeti que nos hicieron, como siempre, hacernos pasar un gran rato. Nos dieron las gracias por haber ido tan pronto a verles, pero a sus más fieles seguidores no les molestó el hecho de que esos más de 30 grados nos hiciesen derretirnos. Echamos más tarde un vistazo a unos Black Lips que no sonaron mal pero sí demasiado explosivos si son comparados con la suavidad que ofrecía el resto del cartel. Esta segunda jornada se basaba en esperar al plato fuerte: Los Planetas. Comenzando de menos a más, nos ofrecieron un concierto salvaje (dentro de lo poco salvajes que pueden ser Los Planetas) a la vez que íntimo. Haciendo corear a un estadio lleno hasta los topes, nos deleitaron con temas como Señora de las AlturasCorrientes Circulares en el Tiempo Un Buen Día. Los granadinos consiguieron, una vez más, sumergir al público en una nana colectiva en el único concierto que dieron este año en festivales.

Unos minutos antes del concierto de Suede, tuve el privilegio de poder hablar con Brett Anderson y su banda. Y, sobre todo, tuve el privilegio de poder ver lo entusiasmados que parecían por volver a tocar en el festival. Comencé viéndoles desde las gradas y no pude evitar acabar bajando a formar parte de ese montón de gente que gritaba, saltaba y bailaba (todo a la vez) con un Brett que tiraba el micrófono por el aire cada cinco minutos. Al finalizar, nos situamos en primera fila para Peaches. No sabíamos qué esperar de esa actuación pero lo que tenemos seguro es que nos dejó realmente sorprendidos (a algunos para bien, a otros para mal). En un concierto “solo apto para valientes”, emborrachó al público con champán y subió encima de éste, simuló tríos en el escenario y disfrazó a sus bailarines como jamás habríais imaginado. Resulta imposible de describir si no habéis estado ahí pero lo que está claro es que el vacío que nos dejó Yelle en la anterior edición, lo rellenó Peaches. Y de sobra.

 

Casi sin energías, comenzamos el tercer día con Xoel López y con unos fans ataviados con carteles que gritaban “Xoel López querémoste”. Abriendo su actuación con Patagonia Yo solo quería que me llevaras a bailar, nos transmitió una ternura que el público devolvió con coronas de flores, purpurina y muchos aplausos. Decidimos acercarnos por primera vez al escenario Wiko, el más pequeño de todos, el que trae a esas bandas que intentan hacerse un hueco en la industria. Y menudo acierto fue acercarnos mientras sonaba Badlands porque no hay duda de que la voz de May Ibáñez nos conquistó. Hicimos otro cambio de escenario para escuchar una vez más a un Carlos Sadness que probablemente animase al público de las primeras filas pero que un malísimo sonido no nos dejaba escuchar a las últimas filas lo que él decía entre canción y canción. Y es que escuchábamos más al público que al cantante, pero esto enseguida lo solucionó Vetusta Morla. Juraría que ahí no cabía ni un alfiler y, sin conocer ni una canción, me dejaron con la piel de gallina y los ojos llorosos. Ahí fue cuando entendimos por qué ésta fue una de las actuaciones más esperadas.

Tras salir del agresivo sonido que nos ofreció Girls Names, nos situamos en la primera fila y esperamos impacientes el comienzo de Miss Caffeina, que nos hicieron bailar y saltar desde el minuto uno y que nos hablaron de la importancia de no ver al reggaeton como al enemigo y de lo mucho que odiaban a aquel obispo que una vez dijo que la homosexualidad era mala. Más tarde, The Kooks, a diferencia de Javiera Mena, cuyo concierto me resultó imposible disfrutar de cerca debido a lo altísimo que sonaba, ofrecieron un sonido limpio y consiguieron congregar a muchos de los asistentes con los que contaba el festival (pero no tantos como para superar a todos los que decidieron ir dos horas antes a cantar con Vetusta Morla). La guinda final la pusieron Ochoymedio Djs, que con temas como I Love London, What You Know Toro, nos mantuvieron bailando y saltando hasta las 6 de la mañana, hora a la que la organización decidió echarnos a patadas a unos cuantos “Lowers” que no queríamos salir de allí y que pensábamos que ojalá el Low Festival durase eternamente porque, con una organización casi perfecta y que mejora cada año, ahora ya solamente nos queda esperar impacientes a ver con qué nos sorprende la próxima edición.