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Por qué nos gusta tanto lo nuevo de Porches

 

Tras una portada con el diseño sobrio y minimalista de un balón de baloncesto sobre un agua de tonos rosados se presenta Pool, el segundo y último álbum del grupo neoyorquino Porches.

Echando la vista al pasado, para así ponernos en situación acerca de este grupo liderado por Aaron Maine,  veremos que su anterior trabajo sonaba de forma completamente diferente a este. Slow Dance In The Cosmos, que así se llama, es un disco muy cercano al Indie-Folk, un tanto oscuro y que acaba haciéndose pesado por desgracia. Pool, en cambio, acaba de romper toda esta serie de esquemas. Es un disco más ameno, refinado y con un estilo nuevo que, sobre todo, suena mucho mejor.

Estamos hablando de un LP relativamente rápido – no llega a los 40 minutos de duración -, pero que guarda dentro una docena de temas que acaban dejándonos con ganas de más. Porches ha decidido apostar, con mucha fortuna y asimismo con pericia, por un estilo mucho más electrónico. Algo así como un Electro-Pop repleto de matices, gracias a una elevada carga de sintetizadores. No olvidemos que este instrumento puede resultar asombrosamente versátil, y Pool es un álbum que lo demuestra con autoridad. Y es que presenta una bonita variedad de atmósferas; tenemos temas más dinámicos e incluso bailables como “Be Apart”“Braid”, y otros más lentos y relajados como “Mood” o “Even The Shadow”.

Porches 2

A esta fusión de ambientes se le une una virtuosa capacidad para, en algunos temas,  alejarse ligeramente de su estilo musical original para teletransportarse a otros géneros y fusionarlos sin perder un ápice de la esencia del álbum. Es el caso de la influencia del New Wave ochentero en “Car”, así como atisbos de un R&B de lo más sexy en “Glow” o un ritmo muy House en la mencionada “Braid”. Destacar también el final de la crepuscular “Shaver”, aderezado por el tono jazzístico de un saxofón cuanto menos inesperado. Pero, pese a toda esta innovación estilística, como decíamos, Pool mantiene y reivindica una fresca y atractiva línea común. Es esa estética tan onírica, de tarde estival… y sobre todo sumamente profunda.

La voz de Aaron Maine sigue sonando clara e íntima, aunque en este álbum el grupo ha decidido darle un toque de auto-tune a esta voz principal para hacerla sonar más robótica y darle de nuevo ese toque onírico al sonido. Lo apreciamos muy claramente en “Security” o “Pool”, las cuales, aun así, se alejan mucho del generalizado y poco fino uso de este recurso que se hace en muchos de los temas que actualmente suenan en muchas discotecas; se podría decir que este sí es realmente un buen uso del auto-tune (con todos los respetos, claro). Algo parecido le ocurre a la pista uno: “Underwater”, una de las mejores canciones del CD que, quizá por la sorpresa que causa, corre el peligro de quedar infravalorada.

Además de todo el repertorio de recursos electrónicos que nos trae Pool, así como la calidad del mismo, merece la pena también destacar la amplitud del espectro instrumental utilizado por Porches. Cada tema goza de identidad propia gracias, precisamente, a esta riqueza sonora y su combinación con una ingeniosidad melódica digna de admiración.

Así las cosas, este segundo trabajo de Porches nos deja un magnífico sabor de boca. Innovador, rico y muy bien trabajado, cualidades y sonidos con los que el grupo parece haber demostrado su voluntad de consolidar una marcada identidad propia y potente. Un disco íntimo que, eso sí, se merece y es más adecuado para ser escuchado en soledad, con atención y con apertura para descubrir una y otra vez todo lo que esconde. Un encanto.

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Amante desorbitado de la música, también del café. Quizá soy un popurrí algo excéntrico de facetas, ideas y aficiones, pero me defiendo bien en todo este jaleo. Estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid.